Entrevistas

RUBASCALBA:"ME QUEDAN 5 AÑOS DE VIDA"

RUBASCALBA:

Fuente-La Toementa Negra.

Autor de la novela Un hilito de sangre (1991) que a su vez presta su nombre a la columna que escribía en La Mosca en la Pared, Eusebio es un escritor mexicano (Guadalajara, 1951) injustamente comparado con Charles Bukowski. Si bien es cierto que coinciden en el gusto por el trago (Eusebio prefiere el vino tinto y el whisky) y las historias trágicas, el tapatío reconoce a Fiódor Dostoyevski como su más grande héroe literario. He aquí al hombre al que le quedan 5 años de vida, que recién encontró el amor y escribe a mano en libretas (novelas como la más reciente Todos tenemos pensamientos asesinos) sin temor a que nadie se las robe.

¿Por qué comenzaste a escribir?
Era yo un veinteañero y estudiaba la licenciatura en Historia en la Universidad. La influencia de mi maestro de Materialismo dialéctico, Enrique González Rojo, fue determinante. Un día nos dijo que además de filósofo era poeta y nos invitó a un recital. Cuando lo escuché, se me abrió el panorama a lo que se podía decir en un poema e ingenuo, pensé: si esto es poesía, yo también lo puedo hacer. En ese entonces estaba casado y mis hijos eran pequeños, pero me enamoré de una amiga de mi esposa a la que le empecé a escribir poemas de amor. En esa época murió mi padre -un reconocido violinista- por lo que decidí tomar la estafeta del arte de sus manos. Me movió el dolor. De la noche a la mañana abandoné la carrera.

De acuerdo con Tito Monterroso, sólo existen tres temas sobre los cuales escribir: el amor, la muerte y las moscas. Según me cuentas, fueron los que te inspiraron a comenzar. Tú impartes muchos talleres a jóvenes escritores, ¿siguen siendo sus motivaciones?
No tiene mucho que ver con las generaciones jóvenes sino con las preocupaciones perennes del escritor actual. El escritor sigue siendo un romántico que apuesta por la palabra escrita para abrirse paso en el mundo en busca de ese reconocimiento que todos buscamos. Cuando releo las cartas de Goethe a sus editores descubro que tienen una vigencia dramática. “Necesito publicar este libro”, y lo pide de rodillas. “Siento que la vida se va sin que llegue el reconocimiento que debo tener.”

¿Te gustan las moscas?
No tolero las grandes, de colores brillantes; pero las otras, las de bar, me gusta descansar los brazos en la barra que se me paren encima y empiecen a caminar. Tengo una fascinación por sus constitución física. Las moscas son seres superiores.

¿Te inspira más la mujer que no has podido tocar que la que finalmente acaricias?
Mientras no se deja tocar es más fuerte la inspiración, pero cuando finalmente el encuentro amoroso se traduce en encuentro químico la mujer se vuelve doblemente deseable.

¿Cómo empiezas un libro?
Permito que el libro me asalte, no me imagino hacia dónde irá o si será un cuento o una novela. Aunque desde la primera línea advierto si será una historia de largo aliento. Escribo en una libreta grande que nadie me robará, lo hago mientras tenga energía. Puedo escribir 4 horas sin parar y cuando me doy cuenta tengo armado el arranque de la novela. Después lo capturo en la computadora hasta que agarra cuerpo delante de mí. Si algo me preocupa es repetirme  y cada novela que he escrito tiene una estructura distinta.

Si fueras futbolista, hace tiempo te habrías retirado, pero como escritor puedes hacerte mejor con la edad, ¿no crees?
No me atrevería a decir que mejor, pero me siento satisfecho de seguir escribiendo. Me obliga a estar activo y recordar que no existen las pensiones. No hay escritor jubilado.

Lo que hay son escritores desempleados.
El hombre activo es capaz de manejar un taxi o ser mesero, siempre y cuando no deje de producir. Está mal que lo diga, pero tenemos el mal ejemplo del maestro Rulfo con sus dos libros. Tal vez su espíritu quería seguir publicando, arriesgándose. El escritor necesita del arrojo, ver la reacción que provoca lo que escribe; si no se convierte en tronco expuesto a la arena del desierto hasta que pudre. ¿Por qué quedarse con la gloria? Eso es tan mexicano, tan cómodo. Uno no escribe para los demás, sino para que tu vida tenga sentido.

Tienes 62 años pero eres muy leído por los jóvenes. Los mercadólogos dirían que no son tu “target”, ¿por qué?
No he perdido el contacto con los jóvenes, soy el primero en asombrarse de ello. Tal vez sea porque no le temo a la ridiculez o porque les parezco francamente ridículo, pero me hacen llegar sus propios textos. Los leo y les doy mi opinión. Hace un año un poeta vino desde Torreón para entregarme su libro. Nos echamos unos tragos y se regresó a su casa. Nunca lo vi como un “voy a ver al maestro”, sino voy con mi cómplice.

¿Por qué a un adolescente de 17 años que no es padre ni esposo le interesa lo que escribes en La Mosca acerca del matrimonio y la paternidad?
Porque los chavos quieren que uno les hable sobre la vida; no sé, quizá en su casa nadie los pela. Alguna vez yo también tuve 17 años y hubiera querido que alguien me dijera a qué huelen las mujeres, incluso antes de experimentarlo en carne propia.

¿Cuándo llegó el trago a tu vida?
A mis 15 no bebía, pero a los 17 ya había descubierto la esencia etílica.

¿Cómo haces para no dejar que el alcohol te domine?
Tengo un lado ultra fresa que me permite detectar situaciones en las, cuando estoy francamente alcoholizado, prefiero dormir o largarme de ahí. Siempre traigo dinero para un taxi, es la ley de la vida para que te vaya bien.

¿Con qué escritores te has echado las mejores copas?
No suelo beber con escritores. Soy incapaz de beber con tipos zafios o violentos, de inmediato capto con qué cucaracha estoy y eludo su encuentro. De pronto me cae bien beber con Carlos Martínez Rentería o Víctor Roura.

Al final el alcohol te enferma, ¿le guardas algún resentimiento?
Ninguno. Gracias al alcohol he descubierto la miseria que significa estar vivo, he tocado mi propia miseria y descubierto la belleza donde estaba culta. El trago, igual que un aceite, hace que mis engranajes interiores no se atoren. Bebo a solas e inmediatamente busco dónde escribir.


¿Sueles enamorarte a menudo?
Lo he hecho más de una veintena de veces. Pero la mujer en quien actualmente he vaciado mi gozo, podría jurar que es el amor definitivo. Finalmente me tocó llegar a una isla donde soy aceptado.

Si murieras hoy, ¿lo harías satisfecho?

Claro. Siempre he pesando que no me queda mucho tiempo. Suelo ponerme como límite la edad de uno de mis compositores favoritos. Cuando no morí a los 31, como Schubert, mi meta se volvió llegar a los 67, igual que Brahms. Me quedan 5 años y los tengo claramente dosificados.

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